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Los expertos no son buenos consejeros

Una persona experta conoce exactamente cuales van a ser los siguientes pasos de esto que le cuentas, lo que dicen los protocolos, los nombres de cada uno de los agentes y su rol /responsabilidad en el asunto, lo que esta bien y lo que no, …

Dibujan líneas y no ven los matices que se quedan fuera. Colocan el patrón en la tela y comienzan a cortar.

Han estudiado tanto, conocen tanto la materia, que ya no pueden ver procesos como únicos ni diferentes. Han desplegado toda una jerga que les diferencia y lo que es más importante le da al “pause” del video, congela las imágenes, cosifica y nominaliza (en el sentido del que habla la PNL) historias sin prestar atención a lo que pudiera estar fuera del concepto.

Saben de estadística, han contrastado este tipo de situaciones suficientemente como para saber que sería muy extraño que el desenlace fuera diferente a lo que ellos conocen. Y te lo cuentan así, y se comprometen con su saber. Pronostican y por lo tanto ponen todo de su parte para que el futuro les de la razón.

Y además de alguna forma consiguen que solo puedas comprar el conjunto de creencias del experto, colocarte sus gafas y verlo todo como ellos. Al principio te chirría pero acabas viendo culpables en el terreno que ellos apuntan y reacciones que continuamente refuerzan esta perspectiva.

También consiguen que tu des los siguientes pasos para cumplir con su profecía. Los escenarios siguientes acaban siendo tu responsabilidad y de esta manera es imposible que escapemos de esta historia, a veces “loca”.

Por eso, a mi, cada vez me gustan más los expertos en incertidumbres…

«Esto también pasará»

Leido a recomendación de Fernando en un momento muy apropiado. Martín ya casi salta ;D

«Un rey dijo a los sabios de la corte: —Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total. Tiene que ser muy pequeño de manera que quepa escondido debajo del diamante del anillo.

Todos ellos eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados. Pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudiera ayudar en momentos de desesperación total… Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que era casi como su padre; también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por él.

El anciano dijo: —No soy un sabio, un erudito, un académico; pero conozco el mensaje, porque sólo hay un mensaje. Y esa gente no te lo puede dar; sólo puede dártelo un místico, un hombre que haya alcanzado la realización. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento por mis servicios, me dio este mensaje —y lo escribió en un papel, lo dobló y se lo dio al rey—.
No lo leas, mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación. Y ese momento no tardó en llegar.

El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos le perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Y llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: del otro lado había un precipicio y un profundo valle. Caer por él sería el fin. No podía volver, el enemigo le cerraba el camino y ya podía oír el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante, y no había ningún otro camino…
De repente se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso. Simplemente decía: «Esto también pasará».

Mientras leía «esto también pasará» sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Y aquello pasó. Todas las cosas pasan; nada permanece en este mundo.
Los enemigos que le perseguían se deben haber perdido en el bosque, deben haberse equivocado de camino; poco a poco dejó de oír el trote de los caballos. El rey se sentía tremendamente agradecido al sirviente y al místico desconocido.

Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, lo volvió a poner en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes,… y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.

El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo: —Este momento también es adecuado: vuelve a mirar al mensaje. —¿Qué quieres decir? —preguntó el rey—. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida. —Escucha —dijo el anciano—, esto es lo que me dijo el santo: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso; no sólo para cuando eres el último, también para cuando eres el primero.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: «Esto también pasará», y de repente la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que se regocijaba, que celebraba, que bailaba… pero el orgullo, el ego había desaparecido. Todo pasa.

Pidió al anciano sirviente que viniera a su carro y se sentara junto a él. Le preguntó: —¿Hay algo más? Todo pasa… Tu mensaje me ha sido de gran ayuda.—La tercera cosa que dijo el santo es: «Recuerda que todo pasa. Sólo quedas tú; tú permaneces por siempre como testigo».Todo pasa, pero tú permaneces. Tú eres la realidad; todo lo demás sólo es un sueño. Hay sueños muy hermosos, hay pesadillas… pero no importa que se trate de un sueño precioso o de una pesadilla; lo importante es la persona que está viendo el sueño. Ese vidente es la única realidad.»

No corras

El otro día se me paso por la cabeza hacerme un tatuaje con esta frase; no corras.

En este master de la profesión que ha supuesto este ultimo año como autónomo ando aprendiendo cosas del otro lado de la moneda. Cierto ejercicio de poner en valor, de mirar alrededor y comprobar que ya son más de tres lustros de practica profesional y otros tantos de formación continua (con doble dirección; sistematizando–compartiendo y aprendiendo), que mis dudas y tensiones son producto del perfeccionismo y que hay otras maneras más relajadas de hacerlo mejor (muy recomendable el post de Paz Garde sobre los objetivos y la flexibilidad)

Y además de ir encontrando mi lugar en relación a experiencia, formación y edad, necesito recordarme algo muy sencillo. Solo se puede ser sabio siendo viejo. ;D

Las causas son muchas pero como hemos aprendido que no acaban de servir estos ejercicios de buceo causal para encontrar caminos de solución, no escribiremos sobre esto.

Es una sensación extraña, combinando con ataques de fragilidad y vulnerabilidad repetidos e intensos, a veces me gustaría saber, bailar, dibujar, acompañar, escuchar, hablar, presentar,… como mis maestros y maestras… Además ya.

by Leo Reynolds cc

Una impaciencia casi infantil. Y obviamente con sus consiguientes toneladas de ansiedad y desconexión continua con el presente, con lo que toca vivir… Y como adivinareis (creo que esto ocurre a otra gente con diferentes grados de patología) aumentando aun más la inercia de esta rueda.

No voy a definir más todo lo que ocurre en el “estado de pequeño que quiere ser mayor muy rápido” pero esta frase, que no es más que una imagen que reduce, me ayuda a caer en la estupidez. ¿Para que correr? Si al final no hay nada. Si lo que se juega se juega en el camino.

En estas semanas un par de relaciones laborales me devolvían a esta idea:

  • Necesito coger distancia del nivel “guru” Jajaja Compararme no me ayuda y además creo que en algunos niveles cercanos a esas nubes sin olor, la desconexión con la realidad es muy grande. No me hace bien. Ya sé que las acepciones de la palabra “guru” y su aplicación tiene tantos matices como el txakoli (o chacoli para los cantabros). Algo escribía en esta casa y era algo así como “gente grande que me hace pequeña” De todas las personas podemos aprender algunas cosas y otras no. Incluso de estas ultimas, de las que estas personas no saben, tenemos la oportunidad de reflexionar sobre como su ignorancia nos afecta y que activa en nosotros.
  • Hace unas semanas en una de las organizaciones en las que estoy trabajando comentábamos con gerencia y dirección los diferentes modelos de explotación de productos en su sector en relación a los tiempos. Presos del síndrome del “pelotazo”, rodeados de burbujas en muchos casos aupadas por acción continuada de empresas parapublicas, la opción por generar músculo, conocimiento y red es un modelo que necesita de una “filosofía” especial que sirva de base para apuesta de medio y largo plazo.

Así que un doble aprendizaje en este “no corras”; aplicado a mi pequeña neurosis y como una de las claves en el acompañamiento a personas y organizaciones.

Y todo esto lo escribo en el hospital, entre antibiótico y calmante de las 00.30 y 1.00, junto a la cama de mi hijo pequeño Martín que desde el lunes se recupera de una neumonía. He reducido mi agenda laboral a mínimos y con cada sobresalto del proceso sigo haciendo reajustes de supervivencia. Un buen momento para recordar que lo importante esta aquí y ahora y con las personas que tengo más cerca. Escribo estas líneas, también, para recordarlas cuando podamos saltar en la cama (en un acto casi simbólico de patear el puto colchón dónde parece pegado hace días), que confío en que sea dentro de pocos días.

Actualización. Jaxinto Gómez Viniegra me regala este video: «Para, no corras tanto si es a ti mismo al que estas buscando…» «¿De donde sale tu arte? Que sabio es el que comparte…»

Los grandes nos hacen grandes, los pequeños intentan hacernos pequeños

No saco tiempo para escribir.  Mucho trabajo (bienvenida tarea a espuertas en unos hombros más organizados y “musculados”), diferente, enredado con gentes de las que aprendo continuamente, aprendiendo a abrir proyectos a otras personas, … Últimamente tengo cierta sensación de bombardear en Twitter y Facebook con propagandas varias. Me gusta contar lo que voy haciendo, creo que es parte de mi valor añadido y además hay cosas en las que ando metido que me gusta contar. Creo que son grandes ;D

Tengo pendiente responder a algunas ideas que me lanzó Enrique antes de verano. Algo así como explicar los “paraqueyovalgo”. Tengo un pequeño texto que tengo que pulir para hacerlo más fácil de entender. Lo complementaré con las tareas y proyectos en los que estoy enredado.

Ahora que me despego de la tarea unos días para participar en el congreso internacional de “constelaciones organizacionales” en México seguro que saco un rato para escribir.

También creo que cierto “bienestar” me aparta del blog. Tengo mis dificultades pero también los lugares dónde buscar las ruedas pequeñas que ayudan a los que estamos aprendiendo a andar en bici de dos ruedas. Y eso hace mucho.

Así que el enfado puede ser una buena manera de retomar plumas…. Esta tarde vuelven a confirmarme una creencia “Los grandes nos hacen grandes, los pequeños intentan hacernos pequeños”

Las personas seguras, con experiencia, centradas,… (pongan en este listado todas las virtudes deseadas) te acompañan escuchando, interesadas por lo que tu puedes aportarles, otras maneras de entender y complementar su “mundo”,… Y eso a mi me sienta bien. Alguien al otro lado de la conversación se interesa por mis cosas, ejerce de espejo+cajaderesonancia y aporta contando su experiencia y aprendizajes sin el tonillo del valientetestimonio.

Seguro que he escrito algo sobre esto en algún momento. Es obvio que soy un tío especialmente sensible a las conversaciones. No les ocurrirá a todos con la misma fuerza. Pero algo se nos mueve con unas y otras actitudes.

Otra obviedad, esto no es permanente. Hay personas más orientadas a una y a otra manera de estar pero a veces, siendo grandes (como somos los que nos pasamos por este ligar ;D) el contexto o el momento nos llena de inseguridades y corremos a defendernos, a aparentar altura inalcanzable y mirar desde esa distancia. El otro seguramente se sentirá pequeño. Lo hemos conseguido

En un tiempo me reí mucho con una amiga cuando hablaba del “buenrollismo” que veíamos como única herramienta de muchos coachers de nueva generación.  Y si, sigue haciéndome gracia. (Aquí alguien puede ver el video “Validation” y comprobar la fuerza del asentir)

Obviamente el limite y cierta confrontación son caminos perfectos a experimentar y madurar. No hablo de esto. Pienso en todo lo que se mueve en la propuesta de relación que dice algo así como “te respeto” y lo diferencia de otras posturas más irrespetuosas e infantilizadoras.

Cuando acompañamos personas y organizaciones desde cualquiera de las posiciones posibles esta sencilla diferenciación entre los que respetan y los que no, cobra un lugar fundamental.

Y si hubiera alguno de estos pequeños (o grandes con ataques de inseguridad) leyendo estas líneas… un secreto. Escuchen y respeten les hará grandes.

Abrazos

P.d: Permitanme la gracia de Jorge Negrete ilustrabdo el post. Me ha venido a la memoria esta tarde y le he aupado como avatar personal en redes sociales durante unos días.

Esta tarde ha muerto mi tío Sabin

Esta tarde ha muerto mi tío Sabin. La noticia de su muerte nos ha pillado a muchos primos en el mismo lugar. Hace años que nos reunimos entorno a una mesa una vez al año. Creo que la primera convocatoria tuvo que ver con el cansancio de solo coincidir en funerales.

Estábamos avisados. Había ingresado hacia unas horas y las cosas estaban claras desde el principio. Hemos seguido con nuestra comida, teñidos por la noticia y esperando un mensaje que nos alcanzaba cuando salíamos dirección a nuestras casas.

Las entradas y salidas en la vida son mucho más mágicas que los despegues y aterrizajes. En el primer abrazo a un recién nacido dónde esta todo por vivir y el llanto acompañado de una caricia a esa persona con la que lo construiste todo se mueven cuerdas imposibles de describir.

Gaizka y Sabin by Eukeni Gallastegi

Sabin ha sido el ultimo de los hermanos “Gallastegi Doñabeitia” en morir. Antes se fueron Irune, Gaizka (mi padre), Eloi y Eukeni. Cada uno diferente, con sus maneras de estar, hacer, sentir y además marcados por una historia común, grabados a fuego por un baño de vida intensa y compartida.

Hace un año celebraba su 80 cumpleaños consciente que en la fotografía final de fiesta él se había convertido, tras la muerte de su hermano mayor, en el “superviviente”.

En la sobremesa tras la comida hemos vuelto a recordar la historia de la familia. El pistoletazo de salida ha sido ese tío de nuestro aitxitxe Alejandro (abuelo) que fue lego en una comunidad religiosa y sastre y cómplice del Papa Pio XII. (En la basílica de Begoña en Bilbao aparece en uno de los cuadros.) A partir de ahí hemos recordado los periplos de la familia de nuestros padres que bailaron durante buena parte de su niñez y juventud al baile tocado a medias por la guerra civil y las pasiones políticas de su padre.

De Bilbao refugiados en Francia (Guethary), desde allí buscando refugio y sustento en la familia de Elorrio, destierro en Madrid y vuelta a Bizkaia, esta vez a Algorta, abandonándolo todo en cuanto hubo permiso para volver. Los datos más concisos los aportaba mi tía Bego, mi ama aportaba alguna idea y luego los primos recordábamos las batallas que habíamos escuchado mil veces, además de recordar la peluca de la tía Vitori y la verruga de alguna familiar de la que no conseguimos rescatar su nombre.

Mi tío ha muerto cuando una veintena de personas íbamos reconstruyendo la historia de su familia. Cuando los de hoy rescatábamos de la memoria a los de ayer, mientras los de mañana correteaban entre nosotros.

Tenemos permiso para creer en lo que queramos. Yo hoy quiero creer que el murmullo de nuestra conversación, más la música que la letra, más la emoción y las ganas de saber que los concretos, nuestro respeto y honra, hayan podido acompañar al tío. Y de alguna manera, más magia todavía pero es mi fantasía, pudieran resonar en la memoria del resto de sus hermanos, nuestros mayores.

Goian bego

Primer txombo. Crisis de valores y las dos horas de digestión

En mi casa «txombo» es sumergirse en el agua de cabeza. Yo lo uno directamente al momento en el que cuando viene la ola decides avanzar cruzándola por debajo en vez de saltándola pataleando mientras la cabeza queda, aun seca, en el aire.

Pues estas semanas voy a compartir algunas ideas locas, cosas sencillas, pensamientos de cerveza y playa.

El primero tiene que ver con una teoría sobre la crisis de valores. Llevo toda mi vida escuchando preocupación por parte de generaciones anteriores sobre las posteriores. Ahora la gran CRISIS ha focalizado toda la atención y el post-post-modernismo no parece lo peligroso, ni tan siquiera parece viable a la falta de su gran gasolina; el dinero.

itxasoa by gallas

Se ha invertido mucho espacio y energía en buscar los orígenes de esta crisis, la anterior, la más moral. Básicamente y obviando los matices, parece que se trata de un desengaño. Los nuevos, más listos, nos dimos cuenta de que algunas de las cosas que parecían importantes y claves para los viejos, no lo eran y que los horizontes más jugosos e interesantes estaban, a menudo, justo en el punto cardinal contrario.

Hay temas importantes que sustentan esta ruptura de confianza entre generaciones. Yo estas vacaciones lo he visto claro. El engaño que más daño hizo a la gente de mi generación y colindantes era el de las dos horas necesarias para la digestión. Un tiempo absolutamente aburrido, soñoliento que en los días de playa y en la mejor de sus ediciones se convertía en grandes castillos de arena.

En mi casa había incluso un familiar lejano muerto por un corte de digestión cuando se acercó a recoger una pelota de tenis en la orilla.

¡Era mentira! Joder. Como íbamos a creernos otras patrañas si esta tortura cotidiana en el verano se sostenía en otra creencia falsa. Con la lucidez propia del verano comparto con vosotros el verdadero origen de la crisis esta que estaba antes que la gorda.

Seguire sacudiendo.