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Día de la mujer trabajadora y WC para «caballeros»

Bueno. Supongo que ilustrar un post en el día de la mujer trabajadora con un urinario dirá cuatro cosas del que escribe pero vamos a ver si lo arreglo con lo que rodea a la ilustración.

Me encontré con un artilugio similar hace unas semanas en un populoso bar del ensanche de Bilbao.

Estas estrategias higiénico-preventivas en los WC de hombres, siempre me han hecho gracia. Pegatinas de arañas, moscas,… Todas puestas en un lugar estrategicamente elegido para condicionar la trayectoria de nuestras micciones. (no sabia muy bien como escribir esta frase en el equilibrio entre lo políticamente correcto y la ñoñeria)

Los baños públicos son un poco territorio comanche. Pocas veces se rompe la distinción por sexos en el uso de los mismos. Pocos son unisex y los que no lo son apenas se prestan a usos compartidos salvo en urgencias extremas, altas horas de la noche -nublada- y posibles usos mixtos y distintos a los prediseñados. De esta manera es posible que alguien no haya visto nunca nada similar. ¿Una portería en un water?

Y es que, además de las razones más obvias vinculadas a la biología y a la construcción de algunos hábitos, no me imagino algo similar en un baño de chicas. Puede ser que la distinción clara al que hacia referencia me haga perderme algo pero me reafirmo. Es como si a los hombres nos hiciera falta esa motivación extra para cumplir con lo obvio. Un «animo tu puedes».

Y lo que de ninguna de las maneras me imagino es que alguna de vosotras sacará una foto como la de la ilustración. ¿Estoy equivocado?

Conciliando que es gerundio

londres6 por ti.Un día más la nariz de Martin, el pequeño de la casa, amanece llena de mocos. Además la noche ha sido larga, insomne y llena de toses. Parte de la culpa de que Morfeo se hubiera apartado de mi cabecera durante tres largas horas (habría que descontar las del sofa dando palmadas en la espalda de mi hijo) es de la pregunta: ¿y mañana que hacemos?

Esta vez me ha tocado a mi renunciar a mis deberes profesionales. Intentar medir quien lo hace más veces a lo largo del año creo que sería una trampa, prefiero decir que es mi chica. Hasta aqui no parece que vaya a romper ninguna barrera, ni que vaya a transmitir un valiente testimonio para reivindicar la igualdad de oportunidades. No es mi intención.

Quiero reflexionar sobre algo que he compartido alguna vez con amigos y amigas. Creo recordar que era Jorge Barudy cuando en una colección de libros sobre resiliencia (termino popularizado y explorado en lo que ha construcción personal se refiere por Boris Cyrulnik) hablaba de los componentes más «quimicos» que se despertaban en hombres y mujeres ante la experiencia de la paternidad-maternidad.

Voy a sintetizar luego es muy posible que me equivoque. Venía a decir algo así como que los hombres partiamos de una quimica (creo recordar que hablaba de generación de hormonas) mucho más preparada para la defensa, más agresiva. A las mujeres, y siempre desde una perspectiva puramente biologica y ante la experiencia de la relación de intimidad con nuestros vastagos, las luces que se encendían tenían que ver con el cuidado y el afecto.

Lo más interesante, a mi entender, es que tras el trabajo de investigación habían demostrado que esta fotografia no era fija y que a medida que el hombre se responsabilizaba de tareas de cuidado e invertía tiempo en esta experiencia, las sustancias que su cuerpo segregaba eran las mismas que las del cuerpo femenino. Es decir la marea del afecto podía más que la del «ardor guerrero».

Se me ocurren varias ideas desde la experiencia del cuidado y la lectura de algunos de estos datos refutados cientificamente y cuando menos provocadores:

  • A veces me ha costado compaginar (conciliar puede llamarse también aunque no entraré al mundo de los equilibrios de tiempo y energia que es otro tema) estas emociones entre el mundo laboral y el del hogar. Se que no es una experiencia masculina. Que las mujeres llevan moviendose entre la casa y el trabajo y cambiando de registros desde hace decadas. Solo llamo la atención de mi experiencia , que si es masculina, y que quiere aportar en el debate sobre la conciliación la experiencia de las dificultades para equilibrar emociones tan diferentes.
  • No todo esta perdido. Los «hombres tronco» tenemos de nuevo otra oportunidad para engrasar nuestras rigideces y dejarnos llevar por las emociones, haciendolas un hueco justo (de justicia, no apretado) en nuestro día a día. Orientados a menudo a la tarea, nos brinda la posibilidad de seguir explorando en el mundo de la relación y lo significativo. Esto es oro molido para el trabajo en equipo, el liderazgo, la creatividad, la innovación,…